Mi pareja me ha dejado ¿Cómo sigo adelante tras la ruptura?

Picture of Ainara Aramburu

Ainara Aramburu

Psicóloga

¿Tu pareja te ha dejado y sientes que algo dentro de ti se ha roto?

Quizás ocurrió de repente, sin que te lo esperaras. O puede que lo vieras venir desde hacía tiempo, pero cuando llegó, el golpe fue igual de duro. Incluso peor, porque una parte de ti todavía esperaba que no pasara. Al principio, es posible que no pudieras creértelo. Tanto tiempo compartido, tanta vida construida juntos, y de repente… todo se rompe.

Y desde entonces, sientes que tu vida se ha descolocado y no sabes muy bien cómo volver a poner las cosas en su sitio.

Puede que te despiertes por la mañana y, durante unos segundos, todo parezca normal… hasta que recuerdas. Y en ese momento vuelve todo: ese vacío en el pecho, ese peso, esa sensación de haber perdido algo que era muy importante para ti.

Te sientes emocionalmente agotado/a, como si llevaras días cargando con algo demasiado pesado. Te invade una mezcla de cosas difíciles de sostener a la vez: tristeza, ansiedad, rabia, desesperación, ganas de llorar que aparecen en los momentos más inesperados. Y todo eso también se nota en el cuerpo: un dolor en el pecho que no se va, un nudo en el estómago, una sensación general de desgana y malestar.

Seguramente no estés durmiendo bien. Puede que te despiertes de madrugada pensando en esa persona, o que tengas sueños donde aparece, donde todo vuelve a ocurrir, como si tu mente intentara procesar una y otra vez lo que ha pasado. Quizás tampoco tengas hambre, o al contrario, hayas empezado a comer sin parar buscando aliviar de alguna forma lo que llevas dentro.

Puede que te hayas aislado, que no tengas ganas de ver a nadie porque no tienes fuerzas para explicar nada o porque sientes que los demás no pueden entender realmente lo que estás viviendo. O puede que necesites exactamente lo contrario: hablar y hablar, sacar todo afuera, como si poner en palabras el dolor te ayudara a aliviarlo aunque sea un poco.

Y en medio de todo esto, tu mente no para. Repasas conversaciones, momentos, decisiones. Te dices cosas como «si hubiera hecho esto diferente», «si no hubiera dicho aquello»… como si en algún punto fueras a encontrar el error exacto que lo explica todo, o incluso pudiera cambiarlo.

Los buenos recuerdos también vienen, y a veces duelen más que cualquier otra cosa. Las risas, la conexión que teníais, los momentos en los que todo funcionaba. Y entonces piensas: ¿Cómo es posible que algo así haya podido terminar? ¿Tan mal estábamos? ¿Era necesario llegar hasta aquí?

Lo que sí sé es que ahora mismo seguramente no sabes qué hacer con tu vida. No has perdido solo a una persona. Has perdido una rutina, unos planes, una forma de vivir el día a día, una imagen de futuro que habías construido. Y cuando todo eso desaparece a la vez, es normal perder el rumbo. También es normal sentir que has perdido una parte de ti mismo/a, porque durante mucho tiempo tu vida giraba alrededor de ese «nosotros».

Los demás intentan animarte con frases bienintencionadas  como «ya conocerás a alguien» o «el tiempo lo cura todo», y aunque lo dicen desde el cariño, ahora mismo no puedes verlo. Porque cuando el dolor ocupa tanto espacio dentro de ti, cuesta mucho imaginar que exista algo más allá de él. Y es comprensible que te preguntes: ¿Y si no consigo superarlo? ¿Y si nunca vuelvo a sentirme como antes?

Lo que sí puedo decirte es que lo que estás viviendo, por duro que sea, no es un estado permanente. Es un proceso de duelo, y los procesos de duelo, aunque a veces parezca imposible, se atraviesan.

¿Cómo seguir adelante tras la ruptura? Algunas cosas que pueden ayudarte

Después de una ruptura, es normal sentir que no sabes qué hacer con tu vida ni con todo lo que estás sintiendo. Muchas personas intentan buscar una solución rápida al dolor, una manera de dejar de sufrir y pasar página cuando antes. Pero la realidad es que para superar una ruptura no existe una fórmula mágica ni algo que haga desaparecer el dolor de un día para otro, no funciona así.

Aún así, aunque este proceso necesite tiempo, hay ciertas cosas que pueden ayudarte a atravesarlo de una manera más sana y llevadera.

Entiende que lo que estás viviendo es un duelo

Una ruptura no es algo que se supera de un día para otro, y no estás exagerando por sentirte tan mal. No eres débil por no poder «pasar página» tan rápido como a veces parece que se espera de ti. Cuando una relación termina, especialmente si ha sido importante, no pierdes solo a una persona. Pierdes también una rutina, una compañía, una sensación de estabilidad, proyectos en común, planes, una forma concreta de vivir. A veces también se rompe la imagen que tenías de ti mismo/a y de tu vida.

Por eso lo que estás viviendo no es simplemente tristeza. Es un duelo emocional, y también identitario.

Me encuentro a menudo con personas que se culpan porque sienten que «deberían estar mejor ya», porque pasan los días y siguen sin poder dejar de pensar en su ex pareja o sintiéndose bloqueadas. Pero el duelo no es lineal. Habrá días en los que estés un poco mejor y otros en los que cualquier cosa (una canción, un olor, un lugar) lo remueva todo de nuevo. Eso no significa que estés retrocediendo. Simplemente significa que estás en proceso.

Permitirte vivirlo así, sin exigirte estar bien antes de tiempo, no hará que el dolor desaparezca, pero sí puede ayudarte a dejar de pelearte contigo mismo/a por sentir lo que sientes.

Reduce el contacto con la otra persona todo lo que puedas

Una de las cosas que más alarga el duelo, aunque se hace de forma casi automática, es seguir manteniendo algún tipo de contacto con la otra persona. Y no me refiero solo a quedar o a hablar por teléfono. También a mirar sus redes sociales, revisar si está conectada, ver sus fotos, leer conversaciones antiguas, preguntar a personas en común por ella.

Cuando hacemos esto, lo hacemos buscando cercanía, o buscando respuestas que nos ayuden a entender qué ha pasado. Es algo completamente humano. Pero cada vez que te expones a esos estímulos, la herida se reabre y el proceso se alarga.

Reducir el contacto no significa hacer como si esa persona no hubiera existido ni borrar todo lo que vivisteis juntos. No se trata de eso. Se trata de darte el espacio que necesitas para que el duelo pueda avanzar sin estar constantemente interrumpido. Porque mientras sigues mirando, buscando, revisando, una parte de ti no puede soltar.

Apóyate en personas de confianza

Intenta rodearte de personas con las que puedas hablar sin sentirte juzgado/a, con las que puedas desahogarte, llorar si lo necesitas, o simplemente estar sin tener que explicar nada.

Sé que en estos momentos el impulso de aislarse es muy fuerte. Hay días en los que no tienes energía para nada, y menos aún para sostener conversaciones. Pero cargar con todo esto en soledad completa hace que el peso sea mucho más difícil de llevar.

También es importante elegir bien con quién compartes lo que estás viviendo. Hay personas que, aunque lo hacen con buena intención, tienden a minimizar el dolor con frases como «ya lo superarás», «tampoco es para tanto» o «tienes que mirar hacia adelante». Cuando estás emocionalmente roto/a, ese tipo de comentarios, por bienintencionados que sean, pueden hacerte sentir todavía más incomprendido/a. No tienes que abrirte con todo el mundo. Elige a quienes sientas que pueden realmente acompañarte.

Empieza, poco a poco, a reconstruirte

Superar una ruptura no consiste en anestesiar el dolor ni en hacer como si nada hubiera pasado. Necesitas tiempo para procesar lo que ha ocurrido, y es importante que te permitas ese espacio. Pero conectar con el dolor no significa quedarte paralizado/a dentro de él para siempre.

Después de una ruptura, muchas personas dejan de cuidarse. Pierden el sueño, dejan de comer bien, abandonan las rutinas más básicas y pasan gran parte del día atrapadas en pensamientos y recuerdos. Es algo completamente entendible. El problema es que cuando dejamos de cuidarnos, el cuerpo y la mente acaban pagando un precio adicional, y el peso que ya era difícil de cargar se vuelve todavía más pesado.

Aunque ahora mismo no tengas ganas de nada, hay ciertas cosas que merece la pena intentar sostener. No grandes gestos ni cambios radicales. Cosas pequeñas: comer aunque no tengas hambre, intentar respetar unos horarios de sueño, salir a caminar aunque sea un rato, mantener un mínimo de estructura en el día. No porque eso vaya a hacer desaparecer el dolor, sino porque es la base mínima desde la que puedes sostenerte mientras lo atraviesas.

La lógica nos dice que primero hay que sentirse bien para empezar a cuidarse. Pero en realidad suele funcionar al revés. Empezar a cuidarte, aunque todavía no te sientas bien, es lo que poco a poco te ayuda a sostenerte emocionalmente y a empezar a reconstruirte.

Y junto a eso, también es útil ir recuperando espacios que eran tuyos. No los que compartíais, sino los que eran solo tuyos. Por ejemplo, actividades que hacías antes y habías dejado de lado, aficiones que fueron quedando en un segundo plano dentro de la relación, lugares que te gustaban y habías dejado de frecuentar. No hace falta que todo tenga sentido ahora mismo. No hace falta que lo disfrutes de la misma manera que antes. Pero volver a esas cosas, aunque sea con desgana al principio, te recuerda que hay una parte de ti que existe más allá de esa relación. Una parte que sigue ahí, aunque ahora mismo cueste verla.

También puede ser un buen momento para hacer cosas que habías postergado. Algo que siempre quisiste probar, un lugar al que querías ir, algo que llevabas tiempo diciéndote que harías «cuando tuvieras tiempo». No como forma de escapar del dolor, sino como una manera de empezar a construir una vida que sea tuya, que tenga cosas dentro que no dependan de nadie más.

Todo esto al principio lo harás cargando igualmente con ese vacío. Y eso está bien y es normal. Reconstruirse no significa dejar de sentir de repente, ni que un día te levantes y todo haya desaparecido. Significa ir ampliando poco a poco el espacio que ocupa tu vida, hasta que el dolor, sin desaparecer de golpe, empiece a ocupar menos sitio dentro de ella.

Pide ayuda si sientes que no puedes solo/a

Hay rupturas que duelen de una manera que se hace muy difícil de sostener. El dolor que producen a veces es tan grande que uno no puede sostenerlo solo.

Si es tu caso, puede que sientas que los días pasan y sigues igual sin poder dejar de pensar en esa persona, sin conseguir salir de la tristeza o la ansiedad, sin ver ninguna salida. Que te levantas cada mañana esperando sentirte un poco mejor y esa mejoría no termina de llegar. Que hay momentos en los que el peso se hace tan grande que no sabes cómo seguir funcionando.

También es importante que sepas que, a veces, una ruptura no solo duele por lo que es en sí misma, sino porque remueve cosas que ya cargabas de antes. El miedo al abandono, la sensación de no ser suficiente, la dificultad para gestionar la soledad, patrones que se repiten una y otra vez en tus relaciones sin que sepas muy bien por qué. Esas heridas no las ha creado esta ruptura, pero sí las ha activado. Y entonces ya no estás lidiando solo con el dolor de haber perdido a esta persona, sino también con todo eso otro que ha salido a la superficie.

En esos casos, pedir ayuda puede ser una buena opción. Ir de la mano de alguien que puede acompañarte no solo en el proceso de superar la ruptura, sino también a entenderte mejor a ti mismo/a y a construir relaciones más sanas en el futuro.

Espero que toda esta información que te he compartido te resulte útil y que te ayude a poder superar tu ruptura de pareja. Si sientes que necesitas ayuda en este proceso, recuerda que no tienes que hacerlo solo/a. Estoy aquí para acompañarte si decides dar el paso.

Si quieres, puedes ponerte en contacto conmigo por email ainaraaramburupsicologa@gmail.com o a través de WhatsApp.

Picture of Ainara Aramburu

Ainara Aramburu

Psicóloga

error: Content is protected !!